“No te escondas si estás triste, no lo veré en tu ausencia,
lo compartiré sin dictar sentencia, sin ser juez ni jurado,
solo oído, hombro acolchado en el que asentar tu esencia.
Escribeme desde tu exilio vano, desde tu escondite secreto,
pero prometeme que tu tormento será olvido olvidado,
recuerdo recordado, lágrima en el desierto.
Confíame tus demonios, dejales vagar en mis manos,
que digan en segundos lo que podrian decir en años,
deja que tornen oscuros, ya aclararán con el agua,
que verterá el rio de mi consuelo desembocando en tu alma.”