“Silencio, hervido en agua de borrajas, envuelto en papel de plata,
aislado en mis oidos,
un eco sordo que desata la mayor de las batallas,
en el campo del olvido.
Silencio, bien escaso y suculento, preciado por hambrientos
y condenados, a vivir entre bocinas y gritos de vecinas
entre tejado y tejado.
Silencio, mi fiel amigo eterno, la música del aberno
donde reina la nostalgia, dueña de cada invierno,
amante de cada madrugada.
Silencio, frio como el hielo del semblante oscuro,
mecido entre murmullos que vuelan hacia el cielo,
sin dejar de vatir las alas al compas de los latidos
de un corazón que vive en
silencio”